Sobreviviendo en la cuarentena: crónica de un venezolano sin trabajo en Colombia

v7 Texto y fotos por Carlos Orlas

Conocí a Daniel Suárez, Venezolano con tres meses en Colombia y en paro por la cuarentena, porque se me acercó a decirme que le prestara una novela, algo bueno. Le ofrecí una de José Antonio Lizarazo sobre la pobreza, llueve sobre mojado, pensé. La novela se llama La Casa de Vecindad, epígono de la novela urbana en Colombia, y es sobre Bogotá y el desarraigo, primera mitad del siglo XX.

 v.jpeg

                                                   

Sobrevivir

De por sí Medellín, Colombia, sin la llegada masiva de población venezolana, era una ciudad del rebusque: cerca del 40.8% de la población haciendo maromas para sobrevivir. Con los migrantes venezolanos más los desplazados por el recrudecimiento del conflicto armado en algunas regiones de Antioquia, la informalidad se impone para no morir de hambre.

Agreguemos que ante la cuerentena por el Covid-19 muchos quedaron sin el diario, o sea, sin comida y sin techo que es con lo que se resuelve ganando 20 mil – 30 mil pesos diarios. El barrio que habito que sigue sin formalizarse está en construcción, lo habitamos un 50% de sus futuros habitantes. Ese resto llegará a habitar dos torres de apartamentos, los demás vivimos en casas de una sola planta. De vecino en una casa sin terminar vive Daniel que quedó parado en plena cuarentena. Está resistiendo con paciencia.

v2.jpeg

                                                               

Llegar a Colombia

Daniel Suárez, de 50 años de edad, albañil de profesión con una técnica a medio camino en Construcción, entró a Colombia hace 3 meses por Cucúta. Pasó a pie hasta Bucaramanga en 5 días,  luego a Doradal por la ruta del Sol, de ahí a Medellín, luego a Bello y finalmente a Girardota. Se vino por intuición: “llegué un sábado y el domingo estaba trabajando. Yo mando cien mil pesos semanales y con eso en Venezuela su hija subsiste”.

Cuando le pregunto por los problemas de su país responde sin vacilación: “los gringos han querido doblegar el pensamiento de la mayoría de los venezolanos que no entienden la política. Pero a Venezuela no lo han podido subyugar ni lo podrán hacer, porque el 80% de la población tiene una visión diferente de la de hace 20 años, han salido del letargo”.

v3.jpeg

                                                

Hambre

Carabobo, Valencia. Filas de horas, medio día y más, para reclamar medio kilo o kilo de arroz, harina pan, granos. Están los bachaqueros o revendeores de comida, un ala corrupta dentro de la misma burocracia estatal, algunos de ellos millonarios por acaparar-especular con el alimento y revenderlo. El otro flagelo son los malandros que le arrancan la comida a los viejitos y discapacitados que tienen prioridad en la repartición de alimentos.

Daniel cuenta que la fruta de su país es el mango, y que durante la crisis salvó a muchos. A veces por vacilar se le decía al vecino, “!uy que pollo tan rico te estás comiendo, buen provecho!”, cuando en realidad era el mismo mango del desayuno, mango del almuerzo, mango de la comida.

Hay una descomposición social debido al hambre, dice Daniel chupándose una dulce naranja de las montañas de Girardota, “y el que dio inicio a eso fue el gobierno de Estados unidos. Llamo descomposición social a la destrucción del pueblo por el mismo pueblo. Esto agravado por “estar enseñados a ser dependientes, adaptados a que todo se los den, Chávez los enfermó, eso es muy sabroso vivir con todo regaladado, ¿para qué voy a trabajar pues? El pueblo se adaptó y acomodó al todo gratis”.

Premios

Mango al desayuno: Daniel no olvida la riqueza de su tierra y sabe que su país tiene la capacidad para superar esta crisis social agudizada por el hambre. Mango al almuerzo: Daniel agradece a Dios porque le dio la oportunidad de resistir y venirse a Colombia a trabajar. Mango a la comida: Daniel no olvida el mango que alguna vez le sació su hambre. –“¿Pero si la fruta antes abre el apetito”? – “No importaba porque para nosotros era la única salvación”. Bendito sea Dios y el mango o el dios de los mangos. Después de haber comido naranjas, Daniel, lector devoto de la Biblia, recuerda el pasaje de los Premios Mt.10, 40-42: “el que los recibe a ustedes, me recibe a mí. Y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Y cualquiera que le da un vaso de agua fresca a uno de esos pequeños por ser seguidor mío, les aseguro que tendrá su premio”. Esa es su forma de agradecer por las naranjas, por el compartir, por el mango.

v4.jpeg

 

Laburar

“Empecé buscando. Lo que es supervivencia, pero como hombres del mundo tenemos una necesidad más fuerte: no solo de pan vive el hombre…”. Daniel tiene un fuerte arraigo espiritual en el cristianismo y su fe espiritual lo ha mantenido. “Aquí en Colombia el trabajo como obrero en cierta manera es degradante, tú llegas acá desde un país en crisis, sabemos el mismo trabajo de los oficiales en construcción, y por nuestra falta de dinero y el desespero, el patrón nos ofrece el trabajo y cierta cantidad de dinero sabiendo él que eso no es lo justo. Pero se valen de la necesidad del hombre, entonces humillan y nosotros nos dejamos, vendemos la dignidad, no nos importa el colombiano sino la barriga, el hambre. Y eso es lo que hacen los Estados Unidos con nosotros y con todo el mundo. Los gringos aman el dinero más que a Dios y por eso el mundo y el otro les importa poco”.

Resistir

Sobre la posibilidad de regresarse para su país, Daniel dice que “lo mismo que voy a hacer allá lo voy a hacer aquí: nada. Todos están en cuarentena”. Es consciente de que tiene derecho a vivir en Colombia, y como hombre de fe busca en medio de la crisis. Se ha encontrado en Girardota con las mesas en las esquinas donde hay comida para el que la necesite y donde el que tiene de más deja para que los demás la tomen. Con esa gratiferia sobrevive y se sorprende de la forma sutil de la solidaridad[1]. No deja de pensar en la analogía de Sodoma y Gomorra con Occidente, y siente que eso va a volver a pasar si no cambiamos la forma de producir, consumir, distribuir.

v5.jpeg

                                                                 

Pensar la política

“Mataron a Chávez pero no mataron las ideas”. Eso es lo que recalca Daniel cuando le pregunto por la revolución bolivariana. En su juventud perteneció al colectivo estudiantil RUPTURA, ligado al PRV (Partido de la revolución venezolana), articulado a su vez a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) en los años 60. No olvida esa época aunque siente temor de decir que sus hermanos fueron guerrilleros, pues en Colombia el estigma es evidente, más para él que aprendió a no hablar de política desde Doradal, cuando le adviertieron que aquí desaparecían al que pensaba diferente.

Lo que Daniel vivió en su juventud lo marca actualmente al punto de ser el único venezolano obrero que me encuentro y que no denigra del régimen y tiene conciencia histórica, pues “antes de Chávez el pueblo no era nadie, había mucha más hambre, nos robaban la riqueza”. No olvida las casas gratis que superaron el millón, la gratuidad de los servicios públicos, la educación de calidad (“antes no teníamos derecho a la secundaria, fue con Chávez que pudimos estudiar”),  la capacida de resistir el embate de los gringos, el bloqueo y, en últimas, la dignidad de su pueblo. Amén.

v6.jpeg

[1] http://www.alianzademediosalternativos.org/index.php/2-uncategorised/311-antivirus-de-solidaridad-alimentaria-en-girardota

Visitas: 836